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Abrir más oportunidades a la población juvenil será uno de los ejes del desarrollo del gobierno. Ser joven muchas veces significa carecer de algo: capacidad para hacerse oír por autoridades y dirigentes; experiencia para encontrar un empleo; redes de apoyo para concretar un proyecto o una idea; asertividad para convencer a los demás que las cosas se pueden hacer de un modo diferente. Un país que no confía en sus jóvenes está condenado a anquilosarse en sus prácticas y visiones.

De acuerdo a la CASEN 2011 existen 766 mil jóvenes que ni trabajan ni estudian (NINIS), 540 mil son mujeres y 226 mil hombres. Según cifras OECD 2012, la tasa de participación de los jóvenes en Chile – mujeres y hombre entre 15 y 24 años- es 37,1% es decir 10,3 puntos porcentuales menos que el promedio de los países OECD para este mismo segmento. De acuerdo a la OECD la diferencia es aún mayor en Chile si se compara la tasa de participación de los jóvenes versus el total de la población en edad de trabajar (mujeres y hombre entre 15 y 64 años), esta diferencia alcanza 29,2 punto porcentuales, esto significa que la tasa de participación laboral en Chile para el 2012 alcanzó un 66,3%.

El Ministerio del Trabajo y Previsión Social se ha propuesto aumentar el número de jóvenes con empleo, es decir mejorar las oportunidades en el mercado del trabajo para los jóvenes. Es por esto que en materia de capacitación, los jóvenes serán un grupo prioritario, implementándose programas masivos de formación.

Se implementará un programa de capacitación en oficio que beneficiará dentro de los cuatro años de gobierno a 150 mil jóvenes entre 19 y 29 años que pertenezcan a los tres primeros quintiles de vulnerabilidad y que tengan nula o escasa participación laboral. Se consideran 20 mil jóvenes con discapacidad.